| Ulises hoy. ( Odiseo , el más moderno de los héroes griegos) Carlos García Gual Odiseo , es decir, Ulises , ya existía en el mito griego siglos antes de Homero. Pero fue el poeta de la Odisea quien dio a su figura heroica los rasgos que lo caracterizan como el más moderno de los héroes griegos. Si bien el rey de Itaca ya figuraba como un fiero caudillo entre los reyes aqueos de la Ilíada, y ya allí estaba caracterizado por su astucia y su habilidad oratoria, rasgos heredados tal vez de su antepasado divino , el dios Hermes, es en la Odisea, el poema que lleva su nombre y del que es protagonista indiscutible donde lo vemos actuar en su compleja personalidad. Ya sus epítetos tradicionales iliádicos lo acreditan como un guerrero singular, pues no se refieren a su aspecto externo , sino a su personal contextura anímica. Es, en efecto, el polymetis, el polytlas, el polyméchanos, el polytropos. ("El muy astuto, el muy sufrido, el muy diestro en tretas, el asenderado") . Aunque no cabe duda de su valor guerrero, de su coraje y su vigor, lo que le distingue como héroe es su talante astuto, su paciencia , su versátil ingenio, y su habilidad narrativa , y por esas cualidades destaca admirablemente entre los griegos . Por eso él será, y no el forzudo Ayante, quien herede con simbólica justicia las armas de Aquiles , tras la muerte de éste. Ulises es un hábil héroe con futuro, Ayante un campeón arcaico y monolítico. Fue él, en efecto, quien, mediante la invención del gran caballo de madera, logró al fin la conquista de la tan largamente asediada Troya. Ulises fue , sin duda, un valeroso combatiente, pragmático y decisivo, en la guerra de Troya, pero la Odisea deja atrás ese aspecto bélico de Odiseo, para evocar nuevos rasgos de su persona; y para presentárnoslo como un héroe aventurero , equipado con su sutil inteligencia, armado de astucia para afrontar con éxito los peligros de un complicado regreso a su isla patria. Esta epopeya de su regreso, un Nostos heroico, va desplazando la bélica imagen del héroe troyano, persistente en el trasfondo, evocada sobre todo en la Telemaquia, del terrible guerrero que empuñará oportunamente el arco mortífero en la matanza final de los pretendientes. Prefiere destacar los rasgos más modernos del héroe: su humanidad, su destreza en todo momento, su dominio de la metis, su hábil manejo de la palabra y su buen uso , en su momento , del disfraz. Y en ese relato que, pese a su formato y verso épico, tiene tanto de novelesco, percibimos la compleja modernidad del sufrido Odiseo, héroe del exilio, con sus peripecias fantásticas en un nuevo escenario marino y fabuloso. De la Ilíada a la Odisea se advierte un cambio de perspectiva, lo que es , sin duda, muy sintomático de la nueva mentalidad de su público. A fines del siglo VIII a.C. los griegos, marinos colonizadores, comerciantes y exploradores del Mediterráneo, anhelaban ese nuevo tipo de héroe aventurero que está personificado en nuestro Ulises polytropos. A este Ulises, como héroe moderno, ilustrado, y desengañado, que ya no avanza en búsqueda de un magnífico botín lejano, en una expedición ansiosa de áureas glorias , como los arquetípícos héroes Heracles, Jasón o Perseo, sino que es un combatiente cansado que sólo quiere regresar a su isla y a su hogar, se han referido Adorno y Horkheimer, con penetrante análisis en el primer capítulo de su Dialéctica de la Ilustración (Trad. esp. Madrid, 1996). La Odisea cuenta el viaje, sorprendentemente largo, del anhelado regreso, desde las costas de Troya a la isla de Itaca, cruzando las aguas del azul Egeo. Un viaje que, en sí mismo, no se ofrecía como un reto heroico, pero al que los dioses y el azar transformaron en una auténtica "odisea", en el sentido de esta palabra que pasó del título épico a la lengua común. Un periplo , en efecto, que podía haber durado diez días derivó en un viaje de diez años, un retorno laberíntico demorado por increíbles peligros y mágicas seducciones, por un mar misterioso, todo un rosario de aventuras que sirve para dejar bien probada la valía de Ulises. En su regreso perdió todos sus barcos y todos sus hombres, y solo , tras repetidos maufragios y harto de extravíos, regresó al fin a su pedregosa Itaca, para recobrar allí su reino y su hogar , y aún allí tuvo que luchar de nuevo para eliminar a los pretendientes tenaces de Penélope. En fin , Ulises no es el héroe juvenil que se encamina, ávido de gloria, en búsqueda de quiméricas aventuras ; es el héroe resignado que vuelve, cumplida su faena en la penosa guerra de Troya, a su patria. Si Ulises se ve enfrentado a fabulosos monstruos , como Polifemo, y los vence y huye, y logra escapar incluso de las voraces Sirenas, si penetra hasta en el mundo de los muertos, el tenebroso Hades, si se revela como un diestro seductor de magas, como Circe y Calipso, y de ingenuas princesas, como Calipso, y es en ese terreno erótico tan hábil como Jasón y Teseo, no es por su propia iniciativa. Ulises quiere sólo regresar pronto a su casa y su familia en Itaca. Su talento está en sortear esos riesgos y en sobrevivir gracias a su astucia, y en despreciar incluso la inmortalidad idílica ofrecida por la amorosa Calipso. Ulises se forja su gloria con las dolorosas aventuras de un itinerario prolongado a su pesar e iluminado por su inquebrantable propósito de regresar, por encima de todo, a su añorada Itaca. Pero junto a su tenacidad en la aventura, debemos recordar otro rasgo odiseico no menos esencial en la definición del personaje. Odiseo es un magnífico narrador. Es él quien nos cuenta, rodeado de los feacios, sus andanzas marinas. Es a la vez relator y protagonista. Recordemos la escena . Cuando el aedo Demódoco ha narrado, en el banquete del palacio de Alcínoo, el final de la guerra de Troya, con el famoso invento del caballo de madera, Ulises, que aún no ha revelado su nombre a sus huéspedes, se echa a llorar, y requerido por ellos, comienza, en medio de la expectación general. Establece así la pauta tradicional de los relatos fantásticos. Deben ser en primera persona. Le imitarán luego Eneas, Luciano, Sindbad, Cyrano, Gulliver, y el barón de Münchausen al contar sus increíbles viajes . En tácita competencia con el cantar del aedo, Ulises narra sus aventuras. Le sucede como a Don Quijote en la Segunda parte de la novela cervantina. Se sabe héroe de famosas andanzas, que ya otros van contando , como hace un momento Demódoco. Pero él quiere narrar otras peripecias propias, aun ignoradas por los aedos. Y aquí, en su propio relato, es donde surge el Ulises más fabuloso, distinto del famoso héroe iliádico que antes, en la Telemaquia, recordaban Menelao y Néstor en homenaje ante Telémaco. Sus avatares marinos transcurren en ese ámbito marinero, misterioso, de monstruos y magas, más cercano al folktale inmemorial que a la épica. Los ingenuos feacios le escuchan embelesados. El rey Alcínoo expresa su admiración y constata que Ulises es no sólo es un consumado maestro del relato , diestro como un aedo , sino que su aspecto veraz inspira una total confianza . (Odisea, XI 334 y ss, 363 y ss.) . Pero los lectores de toda la Odisea ( que conocemos, desde luego, a Ulises mejor que el rey de los hospitalarios feacios) sabemos que nuestro héroe es también un redomado embustero. En sus encuentros en Itaca no vacila en inventarse algunas breves autobiografías de urgencia, en tres o cuatro ocasiones. Y la diosa Atenea le elogia, cuando le ha salido al encuentro en la playa de su isla ( en Odisea XIII, 291-302) precisamente por su habilidad para esos relatos engañosos. El autor de la Odisea sabe jugar muy bien con estos contrastes irónicos. Y es muy característico de su arte que nos presente este doble faceta de Ulises : es un fascinante narrador de sus aventuras, pero , también, un redomado embustero cuando a él le conviene. Que el experimentado navegante sea el mejor narrador de sus propias aventuras confirma su epíteto depolytropos ( que quiere decir " de muchas vueltas" y "de muchos trucos") . Y ese rasgo de que sea tan buen mentiroso acrecienta, sin duda, el colorido fantástico de su narrativa. El gusto por narrar y sazonar patéticamente las aventuras es un peculiar talento del buen viajero. Y, por otra parte, los griegos siempre han elogiado y admirado a quien sabe componer embustes y engañar con habilidad. Al fin y al cabo, aunque pocas veces se recuerde, el itacense Ulises es un descendiente del dios taimado, comercial y trapacero, Hermes. Pero hay otro rasgo que conviene destacar en Ulises: su sociabilidad y su arraigo familiar. La relación del héroe con su familia es un trazo esencial en su historia . Penélope y Telémaco le aguardan , con una fidelidad ejemplar. Y también su padre, el viejo Laertes, el último en la serie feliz de sus rencuentros. Volver a Itaca es regresar junto a ellos, recobrar el hogar y el abrigo familiar, que es el esencial contrapeso a tanta erranza en solitario. Los suyos le aguardan con una maravillosa tenacidad: ésta es la nota con la que se abre su epopeya. Penélope teje su tela y sus engaños, Telémaco se lanza a un arriesgado viaje en su busca. ( El joven príncipe no logrará dar con su padre, pero recogerá ecos de su fama entre sus compañeros más ilustres y volverá , habiendo demostrado su arrojo personal , para combatir a su lado en el momento de la matanza de los pretendientes ). Es muy claro el contraste entre Aquiles , el gran héroe de la otra epopeya homérica, y Ulises . Aquiles, lejos de su patria, sabe que no va a regresar nunca a Ptía , y sólo pelea por su propia gloria, y en su empeño egoista cuenta, en los más apurados trances, con la protección de su madre, la diosa Tetis, que surge angustiada del fondo del mar para atender a sus quejas. El gran héroe, hijo de Peleo, se sabe predestinado a una muerte pronta, y sólo piensa en su destino trágico. No le importa , en su implacable rencor, enviar al Hades a muchos nobles compañeros, con tal de obtener reparación para su orgullo herido. Odiseo , en cambio, es un caudillo preocupado por el destino de sus camaradas, a los que no podrá salvar, a pesar de sus esfuerzos, porque perecen víctimas de su necedad y desobediencia, como se recuerda en el mismo inicio de la Odisea. La sociabilidad de Ulises se muestra también en su relación personal con los humildes, con sus siervos Y éste es otro rasgo moderno de la Odisea.. Figuras como la de la vieja nodriza Euriclea y la del porquerizo Eumeo son indicios de una nueva sensibilidad social. Conviene releer con atención el encuentro del rey disfrazado de mendigo y el leal guardián de sus rebaños de cerdos. Eumeo , el primero en recibir a Ulises a su vuelta a Itaca, es el más claro exponente de la virtud de la hospitalidad, tan cara a los griegos. Pero no sólo sabe albergar generosamente al extraño vagabundo - al que no reconoce y a quien no le cree del todo su relato - , sino que muestra con él un afecto casi fraternal, a la par que testimonia su inquebrantable amistad con su antiguo amo, desaparecido hace veinte años. Y que no es otro sino aquel al que , sin saberlo, hospeda tan sincera y cordialmente. A Eumeo Ulises le cuenta una de sus falsas historias , presentándose como una víctima del fiero destino, como un niño al que raptaron y vendieron piratas fenicios, y luego vagabundo sin fortuna. Eumeo se compadece de él, y luego, en su turno, le refiere su propia historia. La de Eumeo es una vida muy sorprendentemente parecida a la inventada por Ulises, y éste a su vez se conduele de la peripecia azarosa que que convirtió a Eumeo en siervo en tierra extraña. El poeta de la Odisea gusta de las situaciones marcadas por una fina ironía, y en este caso nos hace descubrir cómo en un momento Odiseo y Eumeo, el famoso rey y el oscuro porquerizo, resultan igualados en sus desventuras. Y en esa atmósfera cálida de la cabaña del porquerizo se dibuja un cuadro de extraña fraternidad, por encima del rango real de uno y otro narrador. Comparten el fuego del hogar, la comida y las mantas, y sobre todo una afable humanidad , sometida a los riesgos del azar. Bastaría con este ejemplo para subrayar, como queríamos, el énfasis que la Odisea pone en la importancia de la hospitalidad. Pero hay otros. Recordemos la magnífica muestra de generosa hospitalidad de los Feacios, tan central en la trama del poema y tan decisiva para el feliz regreso de su protagonista. Y no olvidemos los casos contrarios: aquellos que menosprecian, dañan, o ultrajan a los huéspedes , como Polifemo, o los pretendientes, reciben un justo y ejemplar castigo. La hospitalidad, la xenía, es , desde luego, una institución muy importante en una sociedad arcaica como la griega, en tiempos de Homero , y la Odisea lo resalta. El mismo Zeus es xenios, protector de los huéspedes. Los aristócratas se ufanan de tener nobles huéspedes en otras tierras y en corresponder con regalos espléndidos a las visitas recíprocas. ( Ya Glauco y Diomedes en la Ilíada rubrican con un gesto sorprendente su xenía familiar). Tener garantizado el hospedaje y la protección es del mayor interés para los viajeros y peregrinos en un mundo como el antiguo, desprovisto de albergues y pródigo en riesgos. El joven Telémaco disfrutará de un trato espléndido en los palacios del rey Néstor y del rey Menelao , en Esparta, donde su bella esposa Helena es modelo de cortesía. El sabio Solón escribirá luego en un breve poema que el tener huéspedes en el extranjero es un requisito de la felicidad. Como relato de viajes por tierras extrañas la Odisea subraya la importancia de la hospitalidad con ssu variados ejemplos. La escena en que el náufrago Ulises tiene la suerte de ser acogido por Nausíca nos revela la sutil diplomacia del héroe y la tierna cortesía de la enamoradiza princesa, con un inolvidable aroma poético. Pero sobre todas esas escenas - que no son típicas, sino que revelan un empeño por recrear el tema tópico - podemos colocar la de la acogida de Ulises por Eumeo, en su sencilla cabaña. Eumeo no es, desde luego un noble de alta condición social ni el Ulises disfrazado de vagabundo puede ostentar en su favor nada especial. Y, sin embargo, cuando , sentados frente a frente, ambos conversan, percibimos cómo la hospitalidad del porquerizo surge de un profundo sentimiento de humanidad, de philía hacia el desconocido náufrago, y éste se emociona al reconocer en la lealtad de su añejo siervo una nobleza afectiva que no depende de la condición social, ni de la relación familiar o tribal, sino que afianza sus raíces en la misma naturaleza humana . La nobleza no se funda en la sangre ni en la clase social , ya que Eumeo revela un comportamiento más noble que los príncipes que acosan a Penélope. Y éste me parece un rasgo moderno de la Odisea, que marca así un progreso en su sensibilidad muy notable respecto a la antigua épica, interesada sólo en resaltar los valores aristocráticos y guerreros . El mundo de los humildes se deja entrever aquí con aprecio , como también , por otra parte, el mundo de las mujeres, que está representado por una estupenda variedad de personajes femeninos. No olvidemos que la Odisea es, en buena parte, un relato de costumbres, que preludia , a su modo y en su formato poemático , las descripciones prosaicas de la novela realista. La estructura de su trama coloca las aventuras fabulosas de Ulises en su centro , y sitúa al comienzo y al final las escenas en Itaca. No voy a insistir en esa arquitectura de tríptico , tan singular, pero sí quiero destacar cómo , envolviendo el quimérico mundo de las aventuras marinas, queda en primer plano la descripción realista del mundo isleño de Itaca. Y ahí se evidencia el interés odiseico hacia el mundo real . El destino de su protagonista es integrarse de nuevo en ese mundo. Sabe bien que sólo ahí , ya seguro entre los suyos, podrá gozar de la perspectiva adecuada para relatar bien y recordar sin fin su maravillosa historia. Para que el regreso valga la pena , hay que rogar que el viaje sea muy largo, como dice el verso de Cavafis. Desde el Bósforo a Itaca , al sur del Adriático, la travesía naval no parece encubrir tremendos riesgos. Pero sobre el mar homérico de color de vino , en ese Medierráneo antiguo, tan pródigo en prodigios y en naufragios, el azar y los dioses podían complicar infinitamente cualquier viaje. Como le pasó al astuto Ulises. Quizás todo estaba dispuesto así para que el astuto guerrero mostrara su perfil aventurero y para que el hábil narrador tuviera mucho que contar, es decir, para que nuestro Ulises se construyera su estupenda imagen mítica. Aunque siempre avanzaba movido por su nostalgia de Itaca y de Penélope, sentía una íntima curiosidad por los escenariso mágicos. Se demoró en exceso en la cueva de Polifemo para ver al monstruo , y quiso escuchar los cantos de las Sirenas, y se enredó en amoríos con Circe y quedó retenido ocho años en la idílica isla de Calipso, y se atrevió a navegar hasta la misma entrada del Hades. No es menos cierto que rechazó la inmortalidad que le ofrecía la ninfa enamorada, y que fue al mundo de los muertos sólo para preguntarle al adivino Tiresias por el camino de regreso a su hogar isleño. ¿Qué otro héroe habría ido tan lejos para una cuestión tan efímera? Entre dos mundos , el fantástico Mediterráneo y su isla patria, se mueve Ulises , zarandeado por los designios de los dioses, odiado por Poeseidón y protegido de Atenea, pero confiado en definitiva en salvarse por su propia inteligencia . En eso estriba la ferviente humanidad del más moderno de los héroes homéricos.
2 Como cualquier figura mítica , la de Ulises se ha prestado a muy distintas recreaciones e interpretaciones a lo largo de una tradición literaria de siglos. E incluso ha favorecido la variedad de las mismas su carácter tan humano y complejo. Otros héroes estaban diseñados en el mito con una imagen monolítica, pero la del asendereado Ulises, visto como prototipo de un héroe moralizado, se ha prestado desde muy pronto a múltiples versiones y a enfoques bastante divergentes de la imagen homérica, a lo largo de una secular tradición cultural y literaria. Esa "adaptabilidad" del héroe parece ser precisamente uno de los rasgos característicos de su figura , como muy bien ha destacado W.B.Stanford en su ya clásico libro The Ulysses Theme. A Study on the Adaptability of a Traditional Hero, Oxford, 1954 ( reeds. 1963,1968) . Es muy larga la estela de reflejos del mito de Ulises, como puede verse por ese estudio recién citado, y los más reciente de P. Boitani, L´ombra di Ulisse, Bolonia, 1992, y Sulle orme di Ulisse, id, 1998) . Las variaciones en la representación de Ulises comienzan ya en la tradición literaria griega , a poca distancia de la versión épica . Los poetas líricos y los trágicos subrayan en Ulises su carácter taimado y pragmático y su afición a la trampa, en contraste con héroes como Ayante. En cambio, los filósofos lo admiran como paradigma del hombre autosuficiente, con su sagaz retórica, su paciencia y su coraje frente a la adversidad. La peregrinación literaria del mítico Ulises asumirá a lo largo de los siglos y por obra de diversos autores una serie de curiosas metamorfosis. Como apunta en rápido resumen Stanford (o.c, pág.4): "Vuelta a vuelta, " el héroe de muchas vueltas" , como Homero lo califica en la primera línea de la Odisea, aparece como un oportunista en el siglo sexto, un sofista o un demagogo en siglo quinto , un sabio estoico en el siglo cuarto; y en la Edad Media se transformará en un fiero guerrero o un sabio clérigo o un explorador precursor de Colón ; y en el siglo XVII en un príncipe maquiavélico o un político ; en el XVIII en un filósofo , en el XIX en un viajero byroniano o un desilusionado esteta, en el XX en un protofascista o un humilde ciudadano de una moderna Megalópolis." Esas reinterpretaciones están guiadas a menudoo por un juicio moral sobre la conducta del héroe. Y la divergencia a este respecto indica bien cómo el polytropos Ulises , por su misma complejidad humana, se presta a enfoques tan varios y opuestos: " Problemas de moralidad pueden surgir en el desarrollo de un mito a través de los sigoso ; y los valores tradicionales de una figura heroica son susceptibles de diferentes configuraciones en manos de escritores de distintas épocas. Así Fénelon presentará la actitud notoriamente flexible de Ulises frente a la verdad como una forma de prudencia política adecuada a la de los monarcas franceses ; pero Benoit de Sainte-Maure y los otros escritores del Roamn de Troie lo caracterizan claramente como un mentiroso singular. Teognis recomendará el oportunismo sagaz y la adaptabilidad ética de Ulises; Píndaro las denunciará. Homero admira la astucia de Ulises; Virgilio parece detestarla. Rapin le encuentra un carácter enteramente ruin; Ascham, siguiendo a Horacio y a los estoicos, lo considera un noble ejemplo de virtud humana. Algunas veces estas divergencias se fundan en motivos propagandísticos; otras derivan de sentimientos profundos. Pero, sea como sea, hay que estar advertidos de antemano para notables diferencias de opinión acerca del valor moral de Ulises. Ningún otro héroe clásico ha estado sometido a tanta controversia moral" ( cf. Stanford, o.c., págs. 4-5) . Si se presta a tan diversas opiniones, es porque la figura de Ulises se ha sentido especialmente próxima en una y otra época, porque se ha visto en él un tipo humano cuya conducta resulta especialmente significativa y suele provocar una reacción afectiva o admirativa pronta. No podemos detenernos ahora en todas las sugestivas imágenes o máscaras de Ulises . Analizaré, por ser breve, tan sólo algunos reflejos del mito en unos cuantos textos muy relevantes de nuestro siglo. Es bien sabido que , en su forma actual, tan sólo el título de la novela de James Joyce Ulises (1922) encamina al lector hacia el héroe homérico. Hace falta cierta perspicacia y mucha paciencia para advertir que las vulgares peripecias de una jornada de Leopold Bloom , en su regreso al hogar a través de las calles de Dublín, reproducen el esquema de aventuras odiseicas . Pero es como si el novelista hubiera tomado la Odisea como falsilla o pauta para construir el relato, borrando luego las pistas de la misma. (Ya el crítico Edmund Wilson en El castillo de Axel, en l931, subrayó la importancia de la trama odiseica para entender la arquitectura de la novela. En ese mismo año Stuart Gilbert publicó su James Joyce´s Ulysses en el que se detallan los ecos y correspondecias de capítulos de la novela y los episodios odiseicos. Muy bien lo comenta Gilbert Highet en su gran libro La tradición clásica, II, Trad. esp., México, FCE, l954, pp.308 y ss. J.M.Valverde en apéndice a su traducción del Ulises , Barcelona, l989, recoge puntualmente el esquema de los episodios paralelos) . Sobre la importancia de ese paradigma narrativo para entender y gustar de la novela, hay opiniones diversas. Vladimir Nabokov, a quien resulta difícil negar su condición de fino lector, no considera relevante que la novela sea una "parodia fiel de la Odisea ". "Nada hay tan tedioso como una larga alegoría basada en un mito trillado" añade. (Lo dice en su Curso de Literatura europea). Desde luego la novela de Joyce no es tal alegoría y nadie lo ha pretendido. La referencia latente a la trama de la Odisea en forma irónica es un uso lúdico muy personal, un private joke de Joyce, cuya obra es " un monumento de humor, como el Quijote ", como apuntó Valverde. Así como el Quijote es una parodia humorística de los libros de caballerías, Ulises es una caricatura de la Odisea desmitificada, y Leopold Bloom es otro Ulises , pero antiheroico . No es necesario haber leido libros de caballerías para entender el Quijote, ni la Odisea para disfrutar del relato de Joyce. Sin embargo, se entiende mejor el texto de Cervantes si uno conoce cómo eran esos libros , y se percibe mejor la ironia de Joyce si el lector es consciente de que el itinerario de Bloom refleja con sarcástica prosa las etapas del viaje homérico. De hecho sabemos que Joyece recomendaba leer despacio la Odisea antes de comenzar su novela. Lo cuenta Italo Svevo, que conoció bien a Joyce en Trieste. (Véase I. Svevo, Escritos sobre Joyce, Barcelona, l990, pág. 73). "Muchos personajes de Homero - escribe Svevo en sus apuntes - encuentran su equivalente moderno en una luz que envilece de la modernidad ". Bloom es el Odiseo trivializado de un sombrío Dublín, mezquino y desencantado, Stephen Dedalus es Telémaco, Gerty Mac Dowell es Nausícaa y Molly es una infiel Penélope burguesa. Todos ellos degradados por la modernidad. Los personajes luminosos del mito helénicos se han aburguesado esperpénticamente. Pero el título de la obra, ese Ulises que no es ya nombre propio de ningún personaje en la novela - título que forma parte esencial de lo que G.Genette llama el "paratexto" - recuerda al lector su lejano referente mítico, de acuerdo con las intenciones de Joyce. Con otro nombre, el protagonista, dublinés, parlero e ingenioso, es un remedo del antiguo marino . Como él , vuelve a su casa a través de un mundo hostil, sorteando los peligros y trampas del camino, con sus brutales ogros y sus ninfas de baja estofa, por tabernas y burdeles que equivalen a las islas y espacios mágicos del relato antiguo. Stephen busca en vano a un padre perdido , como un infausto Telémaco. Molly Bloom es una mezquina y soñadora Penélope. Pero algo queda de Ulises en Bloom; su gusto por la aventura y los relatos fantasiosos. Sólo que el tiempo no es ya propicio a los héroes . Y no hay dioses y el laberinto dublinés está lejos del mar griego y sus paisajes . La ironía de Joyce denuncia la vulgaridad de lo real y su proteica prosa está tan distante del lenguaje formulario de la épica antigua en su forma como el relato lo está en su fondo. Muy distinto, a todos los efectos, es la gran narración de Katsantsakis. Su Odysseia ( publicada en l938) es un extensísimo poema , en veinticuatro cantos y con treinta y tres mil trescientos treinta y tres versos. Tiene tantos cantos y tantos versos como las dos epopeyas homéricas juntas. En su construcción trabajó su autor durante quince años - de l924 a l938 - y compuso siete versiones . Esta nueva Odisea refleja las muchas inquietudes espirituales del gran escritor griego, poeta, novelista, dramaturgo, pensador, y gran conocedor de la tradición literaria europea. En un poema complejo y de muchos episodios nos cuenta las nuevas andanzas de un Ulises inquieto y melancólico , que abandona de nuevo Itaca, y tras cruzar el Mediterráneo, y para en Creta, en Egipto, en Africa central y otras regiones, va a morir solitario en los hielos del Antártico, harto de fracasos. Como se trata de un poema tan extenso, y además escrito en un griego moderno de vocabulario extremadamente rico, esta obra de Katsantsakis es menos conocida que otras suyas, y mucho menos leída de lo que merece por su fuerza literaria. (Pero tenemos varias excelentes traducciones a lenguas modernas : la de K.Friar al inglés, la de J.Moatti al francés , y la de Castillo Didier al castellano.) El escritor griego ha insuflado nuevo impulso aventurero en la figura de su Ulises. Como ya imaginara Dante, en su fantástico relato sobre la muerte de Ulises , el héroe , cansado de la rutina y limitados horizontes de Itaca, volvió a hacerse a la mar en pos de nuevas experiencias. En su palacio de Itaca dejó a Telémaco casado con Nausícaa, y él se lanzó a más audaces empresas. Raptó de nuevo a la bella Helena de Esparta y la dejó luego en Creta, sufrió cautiverio en Egipto y allí se liberó y libertó a otros , y más tarde fundó una ciudad de ideales utópicos en el corazón de Africa. Una vez que hubo encontrado las fuentes del Nilo, y fracasó luego. Trató de encontrarse a sí mismo en sus aventuras y sus conversaciones con figuras de raro simbolismo. Con un afán a la par fáustico y quijotesco , heredero de nociones cristianas y budistas, como el autor del relato, fue en busca de una civilización que le permitiera apaciguar a su yo trágico. Se trata de una obra muy compleja, como anota Stanford: "Al intentar definir la esencia de este Ulises neogriego tenemos que dejar a un lado las tradiciones clásicas griega y romana. Katsantsakis ha derivado, ciertamente, muchas de las cualidades de su héroe y sus aventuras de la antigua épica griega. Pero en esencia su Ulises es un avatar del héroe centrífugo de Dante, y deriva de la tradición que conduce desde Dante a través de Tennyson y Pascoli hasta el día de hoy. El Ulises de Tennysosn es el más próximo al de Katsantsakis en su esencia; porque, aunque Tennyson hace expresar a su héroe el mismo motivo de su prototipo en Dante , es decir, el deseo de "seguir en conocimiento como a una estrella errante, hasta más allá del límite extremo del pesamiento huamno ( To follow knowlege like a sinking star / Beyond the utmost bound of human thought ) , sin embargo su motivo inmediato es liberarse de su entorno doméstico en Itaca. El héroe de Pascoli comparte su pasión por la libertad; pero está agobiado por los anhelos nostálgicos de las escenas de su pasado heroismo. Katsantsakis ha singularizado el deseo de ser libre como la pasión dominante de su héroe. De hecho, psicológicamente, su épica es una exploración del sentido de la libertad." (o.c., pág 235) En esta figura moderna del aventurero Ulises se expresa la inquietud existencial del autor. Inquietud por realizarse en una sociedad utópica - con ecos marxistas a la vez que estoicos - y en un mundo mejor. Tiene un componente muy griego esa pasión de conocer más y cambiar el mundo , pero también un fondo romántico exacerbado, muy de acuerdo con el talante del Katsansakis cretense. También él fue durante años un exiliado - como Joyce, y como otros que han visto en Ulises un paradigma del viajero esperanzado - , pero, a diferencia de J.Joyce, fue un luchador político, revolucionario e idealista , un exaltado marxista y un heterodoxo cristiano, siempre en tensión espiritual . Fue un pensador magnánimo, un tipo megáthymos, un intelectual algo fáustico , que no podía resignarse a las limitaciones de su entorno. En una época pródiga en revoluciones y en esperanzas, luchó repetidamente y con brío tenaz por la libertad y la justicia, comprometiéndose con los perseguidos , aunque quizás con un propósito más utópico que realista. Tanto el mito de Buda como el de Fausto están presentes en éste y otros relatos suyo . Recordemos que lo están en su mejor novela, Zorba el griego. Las sangrientas luchas por la libertad en la Grecia moderna están en otras, como Libertad o muerte, por ejemplo. Volviendo a su Odisea, continuación desaforada y anárquica dela epopeya de Homero, observamos que sus horizontes son mucho más dilatados y las ansias del héroe más universales . En Homero Ulises es fundamentalmente el héroe tenaz y sufrido que con sus astucias logra regresar . Y esa vuelta a la patria se cifra su destino. El personaje de esta última Odisea no tiene un destino fijo: su inquietud es tan vasta como el mundo y se lanza a un errar sin fin, impulsado por un anhelo infinito. Esa búsqueda infinita de nuevos horizontes entronca a este héroe con el Ulises que Dante encontró en el octavo círculo de su Infierno . Y con el aventurero del poema de Tennyson, de ansias románticas desbocadas. Desciende acaso del antiguo Ulises, pero expresa una nueva inquietud existencial . Recordemos la sombra de Ulises en algunos grandes poetas. Ezra Pound, otro exiliado, es un claro ejemplo de alguine que se vio a sí mismo como un Ulises perdido y solitario. Cierto es que abundan las alusiones míticas en sus poemas y no podemos rastrearlas aquí. Vamos a centrarnos en una imagen esencial en su obra : la del viaje del poeta al Hades para dialogar con los muertos . Otras veces es el viaje a Eleusis. Pero con preferencia se trata de emular la gesta de Odiseo en su entrevista allí con Tiresias. Así el Canto I comienza con una traducción de la versión latina que el poeta renacentista Andreas Divus hizo de un pasaje de la Nekuia . El motivo mítico del viaje al Más Allá está ya en el Poema de Gilgamesh y de nuevo en la Eneida y en la Divina Comedia. Pero a Pound le está más próximo Ulises que Eneas o Dante, viajeros con destino más político o teológico . Pound nos sugiere que todo auténtico poeta debe emprender esa travesía para luego volver más sabio y purificado . Es emblemático que su poemario Cantos comience con ese motivo. A lo largo de sus setenta y tantos poemas persiste latente el esquema de un viaje iniciático y odiseico. La mezcla de versiones en varios idiomas recuerda la importancia de la tradición , quizás con cierta ironía. También Pound evoca un nombre que lo une a Ulises: se proclama él también, como Ulises frente al Cíclope Polifemo, "Nadie" , con la palabra griega Outis. . También él es de la ilustre familia odiseica . "OUTIS OUTIS ? Ulises ... el nombre de mi familia." Como glosa Michael Reck, "el evasivo Ulises es el prototipo de Pound . Como Ulises , Pound es un vagabundo que va buscando el camino de regreso al hogar. Para Pound el camino es la sabiduría, el hogar es la verdad. En esta búsqueda, él debe ser como el itacense: polytropos - astuto, ágil, proteico "( E.Reck. Ezra Pound en primer plano, Barcelona, l976, p.225) Son muchos los poetas que han aludido a Ulises como símbolo del viajero que, tras recorrer el amplio mundo, penosamente regresa a su patria pobre, exaltada en su memoria. De entre ellos destacan dos grandes escritores griegos, C. G. Seferis con Sobre un verso antiguo. Itaca es un breve e intenso poema de muy amplia difusión. Se ha traducido muchas veces - siete u ocho versiones poéticas conozco al castellano y al catalán, está musicado por L.LLach con fervor - y sin duda merece ese reconocimiento popular . Sobre un verso antiguo de Seferis es un texto más largo , pero no menos impresionante . Su título alude al famoso verso inicial del soneto del renacentista francés Joachim Du Bellay : "Heureux qui comme Ulysse a fait un beau voyage..." Ambos poetas ven a Ulises como un antepasado ejemplar. Para Cavafis simboliza el héroe mítico con el que todo exiliado , en su regreso tardío a una patria pobre, puede identificarse. Seferis sueña con Ulises, el esforzado y sufrido, que es el camarada amigo y protextor para cualquier griego empeñado en una dura y arriesgada travesía. Para Cavafis la patria deseada marca la ruta y da sentido al viaje, es la patria pobre de tantas gentes del sur que emigraron a otras tierras ricas y extrañas, y cuyas experiencias los han enriquecido para volver más sabios. Para Seferis Ulises es el héroe del esfuerzo y la tenaz opaciencia ante los reveses , el hermano mayor de los marineros griegos, con su fantasía y su coraje vital frente a un mundo borrascoso. También para otros poetas mediterráneos Ulises es un mártir del exilio y de la resignación ante el destino. No olvidemos a dos grandes catalanes: Agustí Bartra , cuyo Odiseo (México l953 en catalán, y l955 en castellano) es una extensa recreación nostálgica de la Odisea, en verso y en prosa , y Carles Riba, el gran traductor de la Odisea al catalán, cuyas Elegias de Bierville ( l943) están impregnadas de ecos odiseicos. Ambos textos están escritos en el exilio tras la guerra civil, exilio más breve y cercano uno, más largo y lejano otro. Numerosos textos poéticos castellanos podrían citarse, como testimonio de la pervivencia de la Odisea en nuestra literatura actual, pero , a modo de ejemplo, bastará recordar cuán a menudo está aludido en los poemas de J.L.Borges. Es muy curioso que a Borges, al que le gustaba muy poco la Ilíada , tuviera la Odisea entre sus textos predilectos, desde su niñez , pero en versión inglesa y no española. Le gustaba recordar a Ulises , como símbolo del exiliado, del viajero inquieto, navegante por un mar laberíntico, y condenado por su audacia al Infierno , tal como lo imagina Dante.
En las evocaciones modernas de los mitos, domina unas veces la nostalgia y otras la ironía. La recreación en clave de ironía y humor es más frecuente en el teatro. En la comedia casi siempre se tiende a una visión desmitificadora del mundo heroico, con un cambio de tono al traducir el mito en una farsa burguesa. Como ejemplos anotemos unos cuantos títulos de piezas cómicas sobre Ulises de estos últimos cincuenta años. Desde la de G.Torrente Ballester, El retorno de Ulises (l946), y luego las de A. Buero Vallejo La tejedora de sueños (1949) , Salvador S.Monzó, Ulises o el rettrono equivocado (l956), José M.Morales , La Odisea (l965), Domingo Miras , Penélope ( l97l) , Antonio Gala , ¿Por qué corres Ulises? ( l975), Romá Comamala, El retorn d´Ulisses (l978) , Carmen Resino ,Ulises no vuelve ( l983), y Fernando Savater , Ultimo desembarco (l987). Desde la pieza de tonos costumbristas a la farsa disparatada ahí se contrapone una parodia burlona al final feliz y más ingenuo de la Odisea. Prácticamente todas esas comedias coinciden en rechazar el tópico happy end , esencial en el viejo relato de aventuras, para indicar que no es posible esa amable solución final de la errancia heroica. Tras los veinte años de ausencia el héroe no volverá a encontrar la Itaca anhelada, porque sus anhelos no encuentran sino una realidad trastocada por el paso del tiempo y las trayectorias de otras vidas. En esos finales desencantados se nos advierte de que Ulises va a encontrarse con un nuevo enemigo, que no podrá derrotar: el paso del tiempo implacable. ¡Pobre Ulises que vuelve veinte años más viejo ! ¡Pobre Penélope que en esos veinte años ha planeado su vida resignada a esa ausencia , con sus propias ilusiones ! Con el regreso del héroe al hogar no puede recuperarse el tiempo perdido y sí , en cambio, hay que buscar una sutura que se ha vuelto imposible después del largo vacío de veinte años. De las mencionadas, las tres obras más conocidas son las de A.Buero Vallejo, A. Gala, y F.Savater. Es curioso que en ellas, como en las demás citadas, la relación del ausente viajero con la fiel Penélope sea considerada bajo una luz más turbia que en la epopeya. En muchas se presta primordial atención a la mirada femenina sobre el regreso del héroe. (Recordemos cuántas siluetas femeninas hay en el poema griego). Esta atención a las figuras femeninas puede volverse irónica. Recordemos la novela de R.Graves, La hija de Homero, que relata cómo una princesa siciliana quien escribe la Odisea . Tal vez podrían rastrearse en estas obras españolas influencias de escritores europeos, como J.Giraudoux ( La guerre de Troie n´aura pas lieu ) y J, Giono ( de su novela Naissance de l´Odyssée ) , que ya enfocaban los motivos odiseicos con una parecida ironía desmitificadora. Incluso en clave humorística o irónica, pese a las burlas y los tonos cómicos , el desengañado y zarandeado Ulises, mantiene una digna personalidad. Porque está pertrechado de humanidad, frente a cualquier desmitificación. Este Ulises mediterráneo trasciende al héroe épico de sus orígenes, para afrontar , sin apoyos mágicos ni favores de los dioses, solo con su tenacidad y su astucia , los embates del destino , cumpliendo su regreso con inflexible coraje . Todavía en nuestra época, tan desencantada y falta de modelos míticos, pero tan colmada de exilios y naufragios, el redivivo Ulises, aventurero y fantasioso, pervive en la literatura y la memoria como paradigma del viajero condenado al amargo exilio por el amplio mundo , pero esperanzado por volver un día a su patria pobre y al amor de su los suyos , impulsado por la honda nostalgia de su lejana Itaca. El regreso puede ser arduo y quizás con un final menos feliz que en el antiguo poema homérico, pero no importa. Es nuestro familiar y mítico Ulises quien avanza, inolvidable y redivivo, por el trágico escenario del film de Theo Angelopoulos, La mirada de Ulises (1995) o quien es evocado explícitamente como el paradigma perenne de la añoranza en la reciente novela de M.Kundera, La ignorancia (Barcelona, 2000 ). Su sombra se recorta sobre paisajes diversos, pero el nombre de Ulises evoca siempre , su prototipo homérico, con su sonoro acento griego y su astucia antigua y un claro horizonte mediterráneo.
Carlos García Gual |