Sistema de cubrición que consiste en una sucesión longitudinal de arcadas de medio punto desplazándose sobre muros paralelos.

Arrancando de tierra firme, se levantan las paredes laterales colocando les piedras de mayor tamaño hasta el punto de inicio de la bóveda (1 m de altura, aproximadamente). Para conseguir dibujar bien la arcada, el espacio interior se llenaba de tierra que era apisonada a medida que se iba amontonando. Sobre este molde consistente se disponían les piedras en hiladas a lo largo de la cabaña y, alternativamente, una a cada lateral, de forma que en cada hilada las piedras fueras similares. La última hilada se hacía a medida, con piedras introducidas a presión y golpeadas externamente con el fin de dejarlas bien encajadas. Parte de la tierra extraída del interior se diseminaba sobre la bóveda con el objetivo de impermeabilizar y aislar térmicamente la construcción. Sobre ella se plantaban los típicos lirios azules. Seguidamente se construía la pared posterior de la cabaña, si era necesario, ya que en ocasiones ésta se apoyaba sobre una roca o un talud de tierra.