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Este
tipo de cubrición es el más común en la
mayoría de zonas donde predominan las barracas. Se utiliza
tanto en construcciones de planta circular como de planta cuadrangular.
De origen arcaico, este tipo estructural presenta grandes ventajas,
como la ausencia de empujes laterales, la desaparición
de flexiones, la construcción sin moldes y la posibilidad
de apretura cenital sin alterar el estado tensional.
Consiste
en la superposición de hiladas concéntricas de
radio cada vez menor, de manera que van cerrando el espacio
a medida que se aproximan entre ellas. Por esta razón
se les designa, a su vez, bóvedas por aproximación
o avance de hiladas. Se utilizan piedras llanas que se colocan
con un cierto desnivel hacia el exterior con el fin de escupir
el agua de lluvia. Estas piedras se aparejan, normalmente, sin
haber sido trabajadas, con excepción de aquellas que
forman parte de los puntos más delicados, como la esquina,
la jamba o la linda. El cierre de la bóveda se resuelve,
habitualmente, con una losa grande- que permitía ser
apartada para facilitar la salida de humos o la ventilación-
y cascajo. Suelen estar coronadas por un manto de lirios azules,
las raíces de los cuales formen una red que sujeta la
tierra sobre el cascajo a la vez que absorbe el agua de lluvia.
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