Las construcciones de piedra en seco son principalmente destinadas a infraestructuras del mundo agrícola, aunque en determinados ámbitos pueden ser usadas para fines muy variados. Si tenemos en cuenta que su principal característica es la ausencia de cualquier argamasa que una las piedras entre si, comprenderemos que resulte idónea en aquellos lugares en los cuales el agua es un bien escaso, ya que no se requiere de ésta en su construcción. Los países mediterráneos no disponen en abundancia de este recurso, pero hay un hábitat en el cual supone poco más o menos una bendición: el desierto. No es extraño que encontremos numerosas construcciones de este tipo a lo largo de todo el Sahara, destinadas a un sinfín de usos, no exclusivamente agrícolas. Algunos ejemplos destacados los hallamos en el Magreb, ámbito geográfico que comprende la mitad occidental de África desde la costa hasta el Río Senegal.

El minarete de la mezquita de Chinguetti (Mauritania) - popularmente considerada la séptima ciudad santa del Islam- es esgrimido en ocasiones como símbolo de su país. Se trata de una obra de gran belleza atribuida al s. XVI y que ha sido íntegramente elaborada a partir de la técnica de la piedra seca. Por su solidez, ha resistido el paso de los siglos, sin excesivo mantenimiento, hasta nuestros días, hecho poco usual en la arquitectura del desierto. El resto de la ciudad, importante enclave de la ruta de caravanas occidental desde el s. XV, es a su vez elaborada con piedra, en ocasiones ligada con arcilla, aunque utilizando por lo demás la técnica de la piedra seca.

Otro ejemplo de este tipo de arquitectura lo tenemos en el oasis de Smara, el primer intento de sedentarización del Sahara occidental, llevado a cabo por el seij - o jefe de cofradía religiosa- Ma el Ainin a finales del s. XIX. Se trata de una construcción hecha en piedra que, aun siendo unida con barro, está encajada entre si a la manera de la piedra en seco. Este centro religioso y caravanero se convirtió en el corazón de la resistencia a la colonización francesa a inicios del s. XX. Está compuesto por un cenobio, una mezquita y diversas construcciones auxiliares.

Otro ejemplo sahárico los encontramos en la tumba de Sidi Ahmed Erguibi, santo fundador de la qabila o tribu más destacada del Sahara occidental, los Ergueibat. Este centro, uno de los puntos más sagrados para los habitantes del Sahel, está compuesto por un cuadrilátero construido por un muro de piedra seca que contiene las tumbas del santo fundador y de algunos miembros destacados de la qabila.

Algo más al Norte, en la zona del Anti-Atlas marroquí, la arquitectura típica de la zona se realiza a su vez empleando esta técnica, ya sea en las casas, mezquitas e incluso en las fortificaciones.