La arquitectura de piedra en seco se integra plenamente dentro del paisaje que la rodea a partir de un proceso que inicia el hombre y que consolida la propia naturaleza. Una gran variedad de especies vegetales puede vivir entre sus piedras y formar parte de ellas como uno más de sus elementos.

Existe un tipo de flora que crece únicamente incrustada en las piedras o en los espacios vacíos que quedan entre ellas. Son las especies colonizadoras, entre las que destacan diferentes tipos de líquenes y helechos. En las zonas más húmedas y que reciben menor insolación aparecen a su vez diferentes variedades de musgo.

Más vistosas son las plantas superiores, que florecen, y las numerosas especies de plantas trepadoras relacionadas con la arquitectura de piedra en seco, que crecen aferradas a los muros de piedras.
Los arbustos forman parte del paisaje de secano mediterráneo y se encuentran bien entre las piedras. Es por eso que podemos encontrar todo tipo de variedades integradas en estas construcciones.

Además de todos estos tipos de plantas, hay algunas especies de árboles que pueden echar raíces en los huecos de estas construcciones. Lo más frecuente es encontrar higueras nacidas de semillas contenidas en los excrementos de los pájaros. De manera más infrecuente pueden llegar a crecer encinas, nogales, algarrobos, cerezos, robles de hoja pequeña, etc.

De todas formas, la flora que posiblemente más embellezca las obras de piedra seca es aquella que crece en las cubiertas de algunas cabañas, barracas, etc., y que generalmente es plantada con el fin de afirmar la tierra que cubre algunas de estas estructuras. Aunque son diversas las variedades de plantas que realizan esta función, tal vez no halla ninguna que resulte tan espectacular como los lirios azules o de San José, que cada primavera coronan vistosamente algunas construcciones de nuestro paisaje.