La arquitectura de piedra seca se relaciona con la vegetación propia de la zona, que rápidamente enraiza entre sus piedras y constituye un ecosistema idóneo para un buen número de seres vivos. Diferentes especies animales habitan o nidifican en este entorno, se refugian o acuden para obtener alimento -a través de la caza o el pasto.

Del igual modo como sucede con la flora, la fauna vinculada con una construcción de piedra seca variará en función de la zona, la orientación, la insolación, etc.

En estos hábitats podemos hallar todo tipo de seres vivos: insectos y invertebrados varios, anfibios como los sapos y las salamandras, numerosas variedades de reptiles e incluso algunos mamíferos como conejos, ratones, erizos, etc. Muchas especies de pájaros, a su vez, eligen estas estructuras para anidar en ellas.

Así pues, la iniciativa del hombre de construir arquitecturas que aprovechan en su favor un material natural que se halla en abundancia en el campo acaba por convertirse en un ecosistema donde habitan todo tipo de especies autóctonas. Este hecho nos hace tomar una mayor conciencia de la necesidad y la urgencia de proteger y conservar este patrimonio tan frágil, a la vez que ancestral, y, ¿porqué no decirlo?, de tanta belleza.